Fake Taxi, pagando en carne

 fake taxi frankie01 Fake Taxi, pagando en carne El taxi, uno paga por una carrera y ese pequeño carruaje de metal se convierte en un espacio de intimidad donde se genera cierta complicidad con la persona que nos presta el servicio. Ya sea con una animada charla sobre los males de la economía, con una tímida conversación sobre el clima o con una detallada guía sobre los mejores prostíbulos de la zona uno termina siempre dialogando con su conductor con cierta complicidad. Y es que los taxistas son como una mezcla entre un psicoanalista y ese amigo que siempre tiene una anécdota que contar sobre cualquier tema.

Quizás sea por el gran número de horas que pasan al volante o por el gran número de gente que conocen a lo largo del día, o quizás simplemente sea que esos respaldos de bolitas les otorgan poderes místicos, pero los taxistas están echos de otra pasta. Ellos han mirado al abismo, les ha devuelto la mirada y a continuación han respondido a un nuevo mensaje de la centralita pidiendo recoger a unos chavales que buscan quemar sus ahorros en la casa de citas a la que el taxista tenga a bien llevarles.

Fake Taxi explora ese mundo, el que tiene lugar cuando pasajero y conductor pasan de intercambiar palabras a intercambiar fluidos. El de las mamadas en el asiento trasero, los polvos en un oscuro callejón, el de las parejas de exhibicionistas que disfrutan siendo observados por el retrovisor y el de las mujeres que prefieren pagar su carrera en carne antes que con dinero. Aquí traemos las historias de dos pasajeras que un día subieron a un taxi y salieron de él quedando sus bragas en el asiento trasero.

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La primera historia es la de Frankie. Ella trabaja como escort y no le duelen prendas en decirlo ni aparentarlo. Charla abiertamente con su conductor sobre los servicios que presta y las calamidades de su profesión. Calamidades como las que justamente viene de sufrir. Resulta que el cliente con el que acaba de pasar la noche tenía una polla tan pequeña que la pobre Frankie salio de allí completamente decepcionada. Así que, viendo la cara de bobo y la ingente cantidad de babas que el taxista derrama sobre el salpicadero escuchando que entre su oferta de servicios se encuentra el sexo anal, decide proponerle un pago en carne como fórmula ventajosa para ambos. El taxista aceptará bajando la bandera con una mano mientras agarra su polla con la otra.

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La segunda historia es la de Kristine, una chica que entra en shock cuando tiene frente a sus narices la factura del taxi. Y es que no sabía que estaba contratando un servicio más caro de lo habitual, por mucho que eso estaba perfectamente indicado en la puerta del vehículo. Ante la amenaza de solucionar su falta de liquidez en la comisaria, Kirstine ofrecerá una posibilidad alternativa basada en mamada y polvo. Por no complicar más la situación el conductor tendrá a bien aceptar sabiendo que, aunque no tenga el dinero de la carrera, volverá a casa con una gran sonrisa en la cara.

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